Monasterio de Santa María de Toloño

Viajar a Rioja es penetrar en un amplio valle que, de este a oeste, va estrechándose hasta el angosto paso que forma el río Ebro en las Conchas de Haro. Muy próximo a este punto, en Labastida (Rioja Alavesa), se encuentra el monte Toloño (1277 m.), el gran dominador del occidente de la Sierra de Cantabria que, con sus 1271 metros de altitud, es -además- uno de los mejores miradores de los viñedos de Rioja junto con el Balcón de La Rioja de Samaniego.

En este punto, desconocido para muchos, se encuentran las ruinas del antiguo monasterio de Santa María de Toloño (siglo IX), visita obligada para todo aquel turista que quiera disfrutar de una de las vistas más peculiares de los viñedos de la zona más occidental de Rioja.

Aquí, sobre la llanura que domina -desde lo alto- la cima del monte Toloño, se puede contemplar cómo el paisaje del vino de Rioja Alta y Alavesa, se extiende desde las faldas de la Sierra de Cantabria hasta perderse en el horizonte, camino del monte San Lorenzo y de la Sierra de la Demanda.

Fundación e historia del monasterio de Santa María de Toloño

El monasterio de Santa María de Toloño -actualmente en ruinas– se trata de una antigua construcción erigida en el siglo IX por la Orden de San Jerónimo. En un inicio, Santa María de Toloño (conocida, también, como Nuestra Señora de los Ángeles) era una pequeña ermita en lo alto del monte, próxima al castillo de Toloño, en la residía un pequeño grupo de ermitaños dedicados a la oración.

Por orden de Juan Ramírez de Guzmán, obispo de la Diócesis de Calahorra (1394-1403), pasó a ser controlada por el monasterio de San Miguel del Monte (actualmente en ruinas, en la carretera entre Miranda de Ebro y Cellorigo) para terminar dependiendo, finalmente, del monasterio de Aritzeta (1410), actualmente conocido como Santuario de Santa María de la Estrella de San Asensio (Rioja Alta).

Abandono del Monasterio de Santa María de Toloño

La compleja ubicación de Santa María de Toloño hizo muy complicada la vida en el monasterio hasta tal punto que, en 1417, la congregación de monjes que moraban en él solicitaron abandonar el lugar. Cinco años más tarde, con los frailes de Santa María de Toloño repartidos por otras congregaciones, la orden de San Jerónimo renunció (1422) a todos los bienes que poseían en Toloño, cediéndolos -junto con ‘una granja que llamaban Erremelluri’, actual Herramélluri- al obispado de Calahorra.

En 1436, las villas de Peñacerrada, Labastida, Salinillas de Buradón, Ocio, Berganzo y el condado de Treviño, formaron la Hermandad de la Divisa, con el objetivo de hacerse cargo del gobierno y administración del monasterio y de los bienes que Santa María de Toloño albergaba en la cumbre.

Santa María de Toloño bajo la Hermandad de la Divisa

Bajo el mandato de la Hermandad de la Divisa, los concejos (ayuntamientos) realizaron numerosas obras de ampliación y mantenimiento en el monasterio de Toloño e, incluso, se reunían en junta -presidida por un caballero de Labastida- para dar cuenta del gobierno comunal del santuario.

¿Cómo era el monasterio de Santa María de Toloño?

 

La casa era bastante suntuosa, con iglesia, camarín y sacristía de buena arquitectura, su retablo mayor, los dos colaterales y otro del camarín eran de piedra blanca y de muy buena calidad. La hospedería contenía 22 aposentos, 5 cocinas, habitaciones separadas para un capellán, dos ermitaños y un criado, además de una sala bastante capaz para las juntas de la Divisa.

 

Real Academia de la Historia, 1802, p. 377

Incendio del Monasterio de Santa María de Toloño

El monasterio se mantuvo en pie, bajo el gobierno de la Divisa, siendo referencia espiritual para varias localidades de la zona, además de las que integraban la hermandad. Por ejemplo, desde Haro se pagaban tributos al mayordomo y se invitaba a los jarreros a realizar procesiones hasta el monasterio, situado a unos 10 kilómetros de la localidad.

En 1835, durante la primera Guerra Carlista (1833-1840) el monasterio fue incendiado y destruido por la tropas liberales (favorables a la sucesión del trono de España en favor de Isabel II, hija de Fernando VII) no siendo reconstruido por los concejos de la hermandad.

Monasterio de Santa María de Toloño

Ruinas del monasterio de Santa María de Toloño | Labastida, Rioja Alavesa

De entre las llamas que redujeron a ruinas el monasterio, los habitantes de Labastida pudieron rescatar la imagen de nuestra de Nuestra Señora de los Ángeles de Toloño, que actualmente preside el primer cuerpo del retablo mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Labastida. Esta talla, de estilo barroco, sustituyó a una imagen anterior de la virgen de Toloño (Santa María la Antigua) del siglo XIII.

Castillo de Toloño

Al igual que en lo alto del monte Toloño se encontraba una pequeña ermita, muy cerca de ella, una guarnición navarra custodiaba el castillo de Toloño, un baluarte defensivo del reino de Navarra que, como otras fortalezas de Rioja Alavesa y la Sonsierra riojana, servían de defensa frente al reino de Castilla. Se ubicaba junto a la espectacular mole de piedra -que, a día de hoy, se conoce como Peña del Castillo (1262 m.)- y fue construido por orden los primeros reyes navarros, a finales del siglo VIII.

El castillo fue controlado por la corona navarra hasta mediados del siglo XV, cuando el amplio dominio castellano sobre el valle del Ebro hizo que la fortaleza bailara entre las manos de Castilla y Navarra hasta que, en 1461, ya bajo el control castellano, el castillo de Toloño fue integrado en las hermandades alavesas.

Monasterio de Santa María de Toloño

Peña del Castillo desde el Monasterio de Santa María de Toloño | Labastida, Rioja Alavesa

Su paulatina pérdida de importancia, derivada de la ausencia de conflictos militares en la zona (con la Reconquista finalizada y con Navarra y Castilla bajo la misma corona) propiciaron su pérdida. Hoy en día sólo se encuentran restos en un perímetro de 80×30 metros, dimensiones aproximadas del pequeño castillo. Se cree que las piedras del castillo de Toloño fueron empleadas en las obras del monasterio de Santa María de Toloño, lo que ha borrado gran parte de los restos arqueológicos.

Turismo del vino en Labastida

La ascensión al monte Toloño puede ser una excursión diferente para el visitante que llega a Rioja Alta o Rioja Alavesa con ganas de disfrutar del turismo del vino. El paseo dura aproximadamente una hora y puede hacerse desde, a pie, el paraje de San Ginés (Labastida), donde puede aparcarse el coche sin ningún problema. A partir de ahí, una senda bien acondicionada y la permanente referencia del monte Toloño al frente facilitarán el camino del viajero que espere poder contemplar otra perspectiva del paisaje del vino y el viñedo.

Monasterio de Santa María de Toloño

El monte San Lorenzo y el valle del Ebro desde el Monasterio de Santa María de Toloño | Labastida, Rioja Alavesa

Durante la ascensión, la ermita del Humilladero del monte Toloño, supone una parada obligatoria en el camino. En este punto se une la otra ruta que, desde Rivas de Tereso, permiten llegar hasta las ruinas del monasterio de Toloño.

Labastida cuenta con una amplia oferta de hoteles y casas rurales, así como lugares donde comer y disfrutar de la gastronomía riojana. Además, su proximidad a Haro, facilita tanto las comunicaciones (por carretera, autopista, tren y autobús) como las opciones de hoteles, restaurantes y bodegas para visitar.

¿Qué es el envero?

Desde su nacimiento hasta su recolección en la vendimia, la uva experimenta varias fases dentro de su periodo de crecimiento y maduración. Con la llegada del verano y las altas temperaturas, generalmente entre 45 y 60 días antes de la recogida, se produce el envero, el proceso por el cual la uva experimenta y un cambio en su color exterior en el que evoluciona -en las variedades tintas- desde el verde al morado-rojizo (casi negro) o del verde a un tono más amarillento, en el caso de las uvas blancas. Durante esta etapa, las uvas tintas pueden experimentar tonalidades azules, negras o rosas que hacen de cada racimo un espectáculo para los sentidos.

Este proceso supone la modificación cromática de la piel de la uva, el hollejo -son muy pocas las variedades de uva que tienen la pulpa coloreada, generalmente la pulpa es incolora- en un proceso que, posteriormente, será crucial para la elaboración de los grandes vinos de Rioja, pues es la piel la encargada de aportar el color y sus tonalidades características a los vinos durante la maceración.

No obstante, el envero no es un proceso gradual y regular en todas las vides. El clima, la temperatura o la incidencia del sol sobre los racimos juegan un papel crucial en el proceso de maduración de la uva, llegando -incluso- a ser distinto dentro de un mismo racimo en el momento en que éste muestre uvas totalmente moradas (si habláramos, claro, de una variedad de uva tinta) y otras aún verdes o medio teñidas de un tono más oscuro al inicial.

Racimo de uvas en distintas etapas de envero.

De hecho, dentro de la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja) existen diferencias significativas en el envero de las vides de Rioja Baja (donde la maduración y recogida se produce un mes antes) Rioja Alta, y Rioja Alavesa, en el que el envero tiene lugar entre julio y agosto y, la vendimia, entre septiembre y octubre.

¿Por qué se produce el envero en la viña?

En primer lugar hay que tener en cuenta que, de inicio, las uvas son pequeños granos que se agrupan en racimos que presentan un intenso color verde como consecuencia de los altos niveles de clorofila de los frutos. En esta época del desarrollo de la uva, las bayas, presentan un bajo contenido en azúcar y un grado de acidez muy elevado que irá disminuyendo conforme la uva vaya aumentado sus volúmenes de agua y azúcar.

Pese a que la fase de envero de la uva transcurre, principalmente, entre los meses de julio y agosto, el envero de cada uva apenas dura uno o dos días. En esta época, en la que un viñedo completo puede enverar en unas dos semanas -aproximadamente- el crecimiento de la uva se detiene para dar paso a la aparición de los pigmentos característicos de cada variedad que relevarán al verde característico de la clorofila.

Al inicio, antes del envero, la clorofila tiñe de verde las uvas.

Asimismo, durante la fase de envero, es cuando la piel de las uvas -el hollejo- adquiere el aroma característico de cada variedad de vid -En Rioja: uva tinta (tempranillo, garnacha, graciano, mazuelo y maturana tinta) y uva blanca (viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanco, maturana blanca, verdejo, turruntés, chardonnay y sauvignon blanc)-, fundamental para la posterior elaboración del vino.

Envero y embero

No deben confundirse los términos envero y embero pues, si bien el primero atañe a los cambios experimentados por la uva en las semanas anteriores a la vendimia, el segundo –embero– es un árbol de la familia de las meliáceas, propio del África ecuatorial, cuya madera (de dureza media) está clasificada entre las nobles.

Cada uva experimenta un envero particular que colorea el racimo grano a grano.

Envero o véraison de la uva

La química juega un papel fundamental en el desarrollo y maduración de la uva. En este sentido, durante su crecimiento, las sustancias presentes en la vid varían de tal forma que son capaces de engordar y teñir cada uva de manera individual. En este proceso participan:

  • Azúcares: hexosas, como la glucosa.
  • Ácidos: tartárico, málico, cítrico.
  • Compuestos fenólicos o polifenoles: antocianinas, taninos, catequinas (aportan color, gusto y estructura de los vinos).

Variación de los niveles de azúcar durante el envero

El envero supone, además de una variación de la tonalidad de la uva, la modificación de los niveles de azúcar presentes en la uva, que evoluciona desde los 10-15 gramos/litro de mosto hasta multiplicarse por diez (150-200 gramos/litro de mosto). Durante la fase de envero, los azúcares -que posteriormente darán pasado al grado de alcohol del vino- modifican su estructura, siendo los iniciales principalmente glucosa (85% glucosa y 15% fructosa sobre el 100% de azúcar) hasta alcanzar niveles de fructosa del 95%.

No obstante, además de sobre los niveles de azúcar, durante el envero la vid experimenta otros cambios sustanciales a nivel de los polifenoles, unas sustancias que -a la postre- serán las responsables de aportar el color, el gusto y la estructura a los vinos de las grandes bodegas de Rioja. Estos polifenoles (o compuestos fenólicos) sustituyen -de manera muy rápida- a la clorofila durante el envero.

Los altos niveles de colorofila de la uva, además de aportar un característico color verde, hacen que la vid se comporte como una planta herbácea y no como una baya, un fruto. En el envero, los compuestos fenólicos (antocianos y taninos) modifican su concentración desde las pepitas -ubicación inicial- hasta la pulpa y la piel (hollejo), inundando, por completo- cada una de las uvas del racimo.

Al final del envero, la uva tinta es completamente morada y espera la vendimia

Lignificación del sarmiento de la vid en el envero

Durante el envero, junto con las modificaciones químicas y de color de la uva, también comienza la lignificación de los sarmientos, un proceso propio del final del periodo de crecimiento celular de las plantas leñosas, como la vid, en el que el agua de la membrana celular del sarmiento es sustituido lignina, una sustancia que produce el endurecimiento y aumento de volumen de la membrana celular.

Vendimia: maduración fisiológica y maduración industrial de la uva

En la viña existen dos tipos de maduración: la fisiológica (etapa en la que las semillas de la vid puede germinar y dar, como resultado, nuevos viñedos) y la industrial, el momento idóneo para la vendimia. Estas dos etapas no tienen por qué coincidir en el tiempo, es más, la maduración fisiológica se produce pocos días después del envero (tras la modificación química que sufre la uva) y no es útil para la elaboración de los vinos característicos de Rioja.

Es por ello que los enólogos determinan el momento de inicio de la vendimia en función de otros factores (como el nivel de azúcar, de maduración…) iniciándose así la maduración industrial, aunque, tradicionalmente, éste proceso suele coincidir con un periodo de entre 45 y 60 días (tiempo desde envero a vendimia) posterior al inicio del envero.

Reloj carrillón de Laguardia (Rioja Alavesa) | Enoturismo, vino y bodegas en Rioja Alavesa

¿Por qué es tan especial el reloj carrillón de Laguardia?

Laguardia es uno de los enclaves más bellos de Rioja y el más importante de Rioja Alavesa. Ubicado sobre un montículo, a medio camino entre Haro y Logroño y a muy pocos kilómetros de Elciego, Laguardia esconde tras sus murallas un curioso reloj en las angostas paredes de su plaza Mayor: el Carrillón de Laguardia.

Inaugurado el 31 de diciembre de 1998, este reloj carillón destaca por la presencia de tres autómatas que representan el inicio de las fiestas más importantes de Laguardia, las de de San Juan. Se encuentra situado en uno de los extremos de la alargada plaza Mayor, sobre la fachada del ayuntamiento nuevo (del siglo XIX). En la misma plaza se ubica -también- la antigua casa consistorial de la villa (del siglo XVI) presidida por el escudo del rey Carlos I de España.

¿En qué horario bailan las figuras del reloj de Laguardia?

No obstante, pese a que el reloj suena en todas y cada una de las horas en punto, los autómatas sólo hacen aparición en cuatro horarios a lo largo del día: al mediodía (12:00); y tres veces por la tarde 14:00, 17:00 y 20:00 horas. Estos autómatas representan las figuras del Cachimorro y dos danzarines ataviados con el traje y vestido típicos de Laguardia.

La dinámica de funcionamiento es la siguiente: a la hora de la función una música típica de la villa -el pasacalles de San Juan– comienza a sonar en la plaza Mayor; a continuación, tras las puertas del carrillón, aparecen dos bailarines (un hombre y una mujer) que, situados a ambos lados del reloj, esperan la aparición del Cachimorro, el auténtico protragonista de la escena.

Juntos, con el Cachimorro en el centro ocupando la posición principal, comienzan el baile en el que se rinde honor a los bailarines del grupo de dantzaris de Laguardia.

Los autómatas del reloj de Laguardia, un baile real el 23 de junio

Los autómatas del carillón de Laguardia ejemplifican el baile típico con el que dan comienzo las fiestas patronales de San Juan el 23 de junio (víspera del santo). Al son de los gaiteros y dulzaineros de Laguardia, que interpretan el Pasacalles de San Juan, los dantzaris recorren las angostas calles medievales de la capital de Rioja Alavesa.

Una curiosa experiencia es realizar turismo en Laguardia coincidiendo con las fiestas de San Juan. El propio 23 de junio los visitantes de la villa pueden presenciar el baile real -ejecutado por personas por la calles de Laguardia- al tiempo que, también, pueden disfrutar de los autómatas en los horarios indicados: 12:00; 14:00, 17:00 y 20:00.

Turismo en Laguardia

Laguardia es uno de los pueblos de Rioja Alavesa con más encanto y uno de los más bonitos de España. Su rica historia, su nacimiento como bastión defensivo del Reino de Navarra, la figura de Félix María Samaniego… así como sus famosas bodegas de Rioja, hacen de Laguardia un destino sin parangón a la hora de vivir una experiencia de enoturismo en Rioja Alavesa.

Cuenta, además, con una amplia oferta de hoteles en Laguardia (entre ellos, destacan la Hospedería de los Parajes; el hotel Villa de Laguardia, el hotel Marixa, la Posada Mayor de Migueloa o el hotel El Collado) y restaurantes donde comer en Laguardia y en los que disfrutar de la gastronomía riojana.

Estación Enológica de Haro

En 1892, como consecuencia del dinamismo económico que Rioja estaba alcanzando tras la llegada de un nutrido grupo de bodegueros franceses a la región, se funda en Haro la Estación Enológica, un centro de investigación para el vino de Rioja que serviría para asentar tanto la experiencia como el liderazgo que Haro y su barrio de la Estación estaban adquiriendo en lo relativo a la elaboración de vinos de estilo bordelés a finales del siglo XIX.

La designación de Haro como sede de la Estación Enológica por parte de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio del Gobierno de España llegó en un momento de esplendor para la ciudad -en 1891, se había convertido en la primera ciudad del país en contar con alumbrado eléctrico en sus calles y que acababa de celebrar la apertura de una sucursal del Banco de España– que terminó de encumbrar a Haro como cabeza de los vinos de Rioja.

En su primer año de funcionamiento, la Estación Enológica de Haro -con Mariano Díaz Alonso como director interino- ya contaba con unas instalaciones equipadas con todos los utensilios necesarios para elaboración de vinos y con un nutrido grupo de alumnos (alrededor de medio centenar) que asistieron al primer curso de conferencias de una institución que destacó por su papel formador de nuevos profesionales ligados al mundo de vino.

Las enseñanzas de capataces bodegueros y de aprendices convivieron con los campos de experiencia donde los se realizaban estudios con vides y uvas autóctonas, se experimentaba con la adaptación de nuevas variedades foráneas y se practicaban ensayos en viticultura, nuevos abonos y pesticidas.

Bodega de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Bodega. Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

La Estación Enológica y la llegada de la filoxera a Rioja

La destrucción de los viñedos de Aquitania (Francia) durante la segunda mitad del siglo XIX -y la necesidad de producir y abastecer al mercado francés- fue la principal razón para que varios bodegueros bordeleses se asentaran en las proximidades de la estación de ferrocarril de Haro.

Los primigenios almacenes fueron transformándose en bodegas orientadas a la producción de vinos de estilo bordelés auspiciadas por las propicias condiciones del suelo y del clima de Rioja Alta, que favorecían la elaboración de vinos a la altura de los caldos de más alta calidad.

No obstante, al tiempo que la Estación Enológica de Haro daba sus primeros pasos, la filoxera alcanzó los viñedos de Rioja. En junio de 1899 se detectaron los primeros síntomas de la enfermedad en los viñedos de Sajazarra; en 1902 la plaga se había extendido por los viñedos de Rioja Alta; y, entre 1904 y 1907, todas las vides de la provincia de Logroño estaban invadidas por la filoxera.

En quince años (1982-1907) el panorama vitivinícola de Rioja cambió por completo para la Estación Enológica de Haro e, incluso, Víctor Manso de Zúñiga (director de la institución) escribió a finales de la primera década del siglo XX que todos los esfuerzos para poner coto a la filoxera habían sido “estériles”.

Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

Durante este periodo, la región de Rioja pasó de hacer frente a la sobreproducción de vinos y a la ausencia de una viticultura moderna, a tener que repoblar de gran parte de las plantaciones de vid entre 1910 y 1920.

En este sentido, la Estación Enológica de Haro contribuyó en la recuperación de los viñedos riojanos que no habían quedado destruidos por la plaga. Sin embargo, aunque la llegada de la filoxera supuso un fuerte revés para los viticultores de la época, contribuyó a la modernización de las bodegas de Rioja.

Importantes firmas del barrio de la Estación de Haro -como la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), Bodegas Bilbaínas o Bodegas R. López de Heredia Viña Tondonia– aprovecharon para modernizar sus instalaciones industriales reinvirtiendo sus capitales en sistemas para la crianza de vinos finos de Rioja.

Variedades de uva para los vinos Rioja

Además de su actuación durante la plaga de filoxera, la Estación Enológica de Haro ha sido -también- fundamental a la hora de estudiar y experimentar con las variedades de uva más propicias para la elaboración de vinos de Rioja. La determinación de las mejores especies y su mezcla, junto con la modernización industrial del sector y la colaboración en la creación del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja), supuso un impulso definitivo para una vinicultura que, en la actualidad, se asienta en las siete variedades de uvas de Rioja (blancas y tintas): tempranillo, garnacha, viura, malvasía, mazuelo, graciano, y garnacha blanca.

Entrada de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Entrada. Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

¿Cuántas estaciones enológicas existen en España?

La de Haro no es la única estación enológica que existe en España, aunque sí es de las primeras. Las estaciones enológicas fueron creadas a finales del siglo XIX para modernizar, con el estudio y la formación de nuevos profesionales, los sistemas de producción y elaboración de vino. El primer proyecto incluía la creación de una estación enológica central en Madrid y cuatro escuelas en las provincias de Alicante, Ciudad Real, Zamora y Logroño, aunque no terminó ejecutándose. Finalmente, las estaciones enológicas quedaron recogidas mediante un Real Decreto en 1892, año fecha fundacional de la Estación Enológica de Haro.

En la actualidad, además de la de Haro, existen estaciones enológicas y de viticultura de Jerez de la Frontera (Cádiz); Alcázar de San Juan (Ciudad Real); Montilla (Córdoba); Rueda (Castilla y León); Requena (Valencia); Jumilla (Murcia); Vilafranca del Penedès (Barcelona); Reus (Tarragona); Felanitx (Baleares); y Almendralejo (Badajoz).

Centro de Interpretación del Vino de Rioja

La Estación Enológica de Haro cuenta con la tecnología más avanzada para el estudio, formación, análisis y asesoramiento sobre el vino y sus características. En ella se estudia y analiza todo el proceso de elaboración del vino, desde la maduración hasta el control en botella, siendo además, el laboratorio de referencia para el Consejo Regulador de Rioja así como para otras denominaciones de origen españolas e internacionales.

Es sede del Centro de Interpretación del Vino de La Rioja y del Museo del Vino de Rioja, un espacio inaugurado en 1991 en el que se pueden conocer las características geológicas y climatológicas que de Rioja, las variedades de uva empleadas en la creación de los vinos de la región y los procesos de elaboración y crianza de los caldos.

Fachada de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Corona mural en el edificio principal de la Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

Turismo del vino en Haro

La Estación Enológica de Haro se encuentra ubicada en pleno casco urbano de Haro y a poco más de un kilómetro del barrio de la Estación, el espacio en el que se concentran las firmas más prestigiosas de Rioja y que cuenta con la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo.

Su situación permite comer y disfrutar de la gastronomía riojana en los restaurantes de Haro, alojarse y dormir en los hoteles y apartamentos de la ciudad, y sumergirse en una embriagadora experiencia de turismo de vino durante el tiempo que pase en la capital del Rioja.

¿Qué son los chozos o guardaviñas?

Los mares de viñas caracterizan el paisaje de Rioja: un paisaje salpicado por viñedos en grandes llanuras, por vides que resisten a la gravedad en colinas en las que jamás se pensaría que pudieran ser labradas y por los chozos (o guardaviñas), una de las estructuras más singulares de Rioja y que más impacta al visitante que llega a la región con el ánimo de conocer la cultura del vino de la tierra con nombre de vino.

Los chozos, o guardaviñas, son construcciones de piedra que cuentan con una sola planta, de forma cónica y que comenzaron a salpicar las lindes de las parcelas riojanas a finales del siglo XIX, aunque -con anterioridad- ya existían las chozas de los custieros o vigilantes de la viña. Los guardaviñas, son -por así decirlo- una especie de iglús de piedra que sirvieron -coincidiendo con la expansión y dinamización de la viticultura en Rioja en las últimas décadas del siglo XIX- como refugio para los agricultores y guardas, que encontraron en éstos sus mejores aliados en los días menos apacibles.

Estas pequeñas construcciones encuentran su máxima expresión en Rioja Alavesa (que concentra más del 90% de estas construcciones) y en la conocida como Sonsierra riojana, un pequeño terreno integrado por San Vicente de la Sonsierra y Ábalos en la margen norte del río Ebro. Esta recogida área de Rioja Alta, flanqueada por Rioja Alavesa, es uno de los mejores puntos desde los que comenzar una ruta enoturística que cuente con la arquitectura del vino de Rioja como eje fundamental. No obstante, la presencia de chozos puede apreciarse -en mayor o menor densidad- en otras zonas de Rioja como el valle del Najerilla, entre Badarán y Cárdenas.

Guardaviñas en Haro (Rioja Alta)

Chozo en el meandro de Tondonia – Haro, Rioja Alta

Guardaviñas en la Sonsierra riojana

San Vicente de la Sonsierra es el municipio más importante de la Sonsierra riojana. En esta importante villa riojalteña se encuentra el chozo más importante de Rioja: el ‘guardaviñas de Las Espinillas‘, una impresionante construcción de dos plantas que, además de servir de refugio, podía hacer las veces de vivienda temporal gracias a la incorporación de una chimenea, una ventana, y un dormitorio en la segunda planta completamente aislado del frío y la humedad del suelo.

En este sentido, San Vicente de la Sonsierra es una de las villas riojanas que más ha apostado por la recuperación del patrimonio arquitectónico del vino de Rioja con la restauración de numerosos chozos que se encontraban en estado de ruina o próximos a derrumbarse. En la actualidad, la villa cuenta con un detallado catálogo de chozos perfectamente documentados y localizados que facilitan la práctica del enoturismo al visitante que llega a Rioja ávido de conocer cómo se ha fraguado la fortaleza de la región y de sus vinos.

Chozos en San Vicente de la Sonsierra

  • Guardaviñas de Hornillo
  • Guardaviñas de la Palomera
  • Guardaviñas de La Rad
  • Guardaviñas de Las Espinillas
  • Guardaviñas de Las Llanas
  • Guardaviñas de Pangua
  • Guardaviñas de Portorrubio
  • Guardaviñas del Bombón
  • Guardaviñas del Bosque
  • Guardaviñas del Manao
  • Guardaviñas del Montecillo
  • Guardaviñas del Muerto
  • Guardaviñas del Sacramento
Su marcado carácter popular hace que no haya dos chozos iguales. Este tipo de construcciones sólo comparten la forma cónica de su silueta, el diseño de una pequeña puerta con grandes bloques de piedra (donde se encuentra un prominente dintel) y el cierre superior con falsa cúpula que da consistencia al resto de la estructura. Por lo demás, cada chozo es un mundo y una obra propia de cada autor.

Chozo de Larrad en San Vicente de la Sonsierra (Rioja Alta)

Chozo de Larrad – San Vicente de la Sonsierra, Rioja Alta

En ocasiones, los dinteles de las puertas presentan inscripciones que facilitan la datación de los chozos. La mayoría están fechadas a finales del siglo XIX, coincidiendo con la llegada de los bodegueros franceses a La Rioja (con especial presencia en el barrio de la Estación de Haro) tras la plaga de filoxera que asoló lo viñedos franceses en 1863.

Así, se han encontrado -talladas en la piedra- las fechas de construcción de varios chozos en San Vicente de la Sonsierra (1868), Briones (1873) y Ábalos (1881); municipios de Rioja Alta que hoy forman la Mancomunidad de Desarrollo Turístico de los Municipios de Abalos, Briones y San Vicente de la Sonsierra y conocidos por las celebración de las Noches de San Lorenzo en agosto.

Los guardaviñas están fabricadas con los materiales próximos al viñedo que se quería resguardar (por lo general, piedra caliza asentada con piedrillas para tapar las juntas) y erigidos en los lugares en los que los viticultores entendían que la viña era más vulnerable a cualquier ataque. Hoy en día, la mayoría se encuentran situados junto a los caminos agrícolas y carreteras secundarias, siendo muy complicado hallar alguno -que lo hay- elevado en mitad de cualquier finca.

Chozo de Larrad en San Vicente de la Sonsierra (Rioja Alta)

Interior del guardaviñas / chozo de Larrad – San Vicente de la Sonsierra, Rioja Alta

Chozos en Rioja Alavesa

Nueve de cada diez chozos de Rioja se encuentran en Rioja Alavesa, siendo Laguardia, Lanciego y Elvillar los municipios con un mayor número de guardaviñas registrados, según el propio blog de Rioja Alavesa. La proliferación de estas singulares estructuras en la margen norte del Ebro está relacionada con el alza de los precios que sufrió la uva durante el siglo XVI y la proliferación de las cabañas de ovejas y cabras en la región. En este sentido, el alto número de los rebaños y la lejanía de las plantaciones de viñedo respecto a los pueblos, hizo necesaria la construcción de unas primigenias chozas que servían para guarecer al ‘custiero‘ o guarda encargado de proteger la viña de los rebaños y de cualquier persona que pretendiera apropiarse de los racimos y uvas ajenas.

Las antiguas ordenanzas que reglaban la labor de los custiero fijaban, de hecho, las multas para los pastores y ladrones que asaltaran los viñedos sin autorización. Para los primeros, la sanción era de ‘carneramiento‘ (dándose muerte a una oveja si el rebaño entraba en invierno y dos si lo hacía entre marzo y el periodo de vendimia) mientras que para los que ‘entre Santiago y vendimia entrare en una viña viciosamente, aunque solo la atraviese‘ se imponía el pago de un real.

El carneramiento era una práctica de castigo habitual en la zona, pues, este tipo de pena para ganaderos y rebaños, está -también- documentada en un pleito entre Carcastillo (Navarra) y el Monasterio de La Oliva.

¿En qué pueblos están los guardaviñas en Rioja Alavesa?

  • Laguardia, 397
  • Lanciego, 346
  • Elvillar, 279
  • Oyón, 139
  • Labastida, 140
  • Baños de río Ebro, 73
  • Samaniego, 72
  • Lapuebla de Labarca, 54
  • Leza, 51
  • Moreda de Álava, 45
  • Elciego, 41
  • Yécora, 36
  • Navaridas, 34
  • Villabuena de Álava 31
  • Kripán, 22
La elevada presencia de chozos o guardaviñas en Rioja Alavesa pone de relieve el carácter minifundista que siempre han tenido las tierras alavesas de Rioja. Actualmente, Elvillar, Lanciego, Moreda de Álava y Laguardia son los pueblos de Rioja Alavesa con mayor densidad de chozos por kilómetro cuadrado, con nueve (Elvillar), siete (Lanciego), cinco (Moreda de Álava) y tres (Laguardia), respectivamente.

Tiene especial consideración la elevada concentración de guardaviñas en Lanciego y Elvillar, municipios notablemente inferiores -en cuanto a extensión territorial se refiere- a Laguardia, capital de la Cuadrilla de Laguardia – Rioja Alavesa.

Guardaviñas en Laguardia (Rioja Alavesa)

Guardaviñas – Laguardia, Rioja Alavesa

Los chozos son, en definitiva, un rasgo distintivo de la importancia que los viñedos y su desarrollo tienen para los viticultores de Rioja, y de Rioja Alavesa en especial. Las reducidas distancias entre los pueblos de esta zona de Rioja -y entre los de la Sonsierra riojana, que divide en dos el área vasca- permite realizar una rica ruta turística por los pueblos con más encanto, disfrutando de sus mejores vinos, sus bodegas, sus gentes y su historia.

Una historia que se ve reflejada en los guardaviñas que antaño sirvieron para proteger las viñas y que hoy aportan esplendor y tradición al mejor tesoro de Rioja: su cultura en torno al viñedo.