¿Qué es el envero?

Desde su nacimiento hasta su recolección en la vendimia, la uva experimenta varias fases dentro de su periodo de crecimiento y maduración. Con la llegada del verano y las altas temperaturas, generalmente entre 45 y 60 días antes de la recogida, se produce el envero, el proceso por el cual la uva experimenta y un cambio en su color exterior en el que evoluciona -en las variedades tintas- desde el verde al morado-rojizo (casi negro) o del verde a un tono más amarillento, en el caso de las uvas blancas. Durante esta etapa, las uvas tintas pueden experimentar tonalidades azules, negras o rosas que hacen de cada racimo un espectáculo para los sentidos.

Este proceso supone la modificación cromática de la piel de la uva, el hollejo -son muy pocas las variedades de uva que tienen la pulpa coloreada, generalmente la pulpa es incolora- en un proceso que, posteriormente, será crucial para la elaboración de los grandes vinos de Rioja, pues es la piel la encargada de aportar el color y sus tonalidades características a los vinos durante la maceración.

No obstante, el envero no es un proceso gradual y regular en todas las vides. El clima, la temperatura o la incidencia del sol sobre los racimos juegan un papel crucial en el proceso de maduración de la uva, llegando -incluso- a ser distinto dentro de un mismo racimo en el momento en que éste muestre uvas totalmente moradas (si habláramos, claro, de una variedad de uva tinta) y otras aún verdes o medio teñidas de un tono más oscuro al inicial.

Racimo de uvas en distintas etapas de envero.

De hecho, dentro de la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja) existen diferencias significativas en el envero de las vides de Rioja Baja (donde la maduración y recogida se produce un mes antes) Rioja Alta, y Rioja Alavesa, en el que el envero tiene lugar entre julio y agosto y, la vendimia, entre septiembre y octubre.

¿Por qué se produce el envero en la viña?

En primer lugar hay que tener en cuenta que, de inicio, las uvas son pequeños granos que se agrupan en racimos que presentan un intenso color verde como consecuencia de los altos niveles de clorofila de los frutos. En esta época del desarrollo de la uva, las bayas, presentan un bajo contenido en azúcar y un grado de acidez muy elevado que irá disminuyendo conforme la uva vaya aumentado sus volúmenes de agua y azúcar.

Pese a que la fase de envero de la uva transcurre, principalmente, entre los meses de julio y agosto, el envero de cada uva apenas dura uno o dos días. En esta época, en la que un viñedo completo puede enverar en unas dos semanas -aproximadamente- el crecimiento de la uva se detiene para dar paso a la aparición de los pigmentos característicos de cada variedad que relevarán al verde característico de la clorofila.

Al inicio, antes del envero, la clorofila tiñe de verde las uvas.

Asimismo, durante la fase de envero, es cuando la piel de las uvas -el hollejo- adquiere el aroma característico de cada variedad de vid -En Rioja: uva tinta (tempranillo, garnacha, graciano, mazuelo y maturana tinta) y uva blanca (viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanco, maturana blanca, verdejo, turruntés, chardonnay y sauvignon blanc)-, fundamental para la posterior elaboración del vino.

Envero y embero

No deben confundirse los términos envero y embero pues, si bien el primero atañe a los cambios experimentados por la uva en las semanas anteriores a la vendimia, el segundo –embero– es un árbol de la familia de las meliáceas, propio del África ecuatorial, cuya madera (de dureza media) está clasificada entre las nobles.

Cada uva experimenta un envero particular que colorea el racimo grano a grano.

Envero o véraison de la uva

La química juega un papel fundamental en el desarrollo y maduración de la uva. En este sentido, durante su crecimiento, las sustancias presentes en la vid varían de tal forma que son capaces de engordar y teñir cada uva de manera individual. En este proceso participan:

  • Azúcares: hexosas, como la glucosa.
  • Ácidos: tartárico, málico, cítrico.
  • Compuestos fenólicos o polifenoles: antocianinas, taninos, catequinas (aportan color, gusto y estructura de los vinos).

Variación de los niveles de azúcar durante el envero

El envero supone, además de una variación de la tonalidad de la uva, la modificación de los niveles de azúcar presentes en la uva, que evoluciona desde los 10-15 gramos/litro de mosto hasta multiplicarse por diez (150-200 gramos/litro de mosto). Durante la fase de envero, los azúcares -que posteriormente darán pasado al grado de alcohol del vino- modifican su estructura, siendo los iniciales principalmente glucosa (85% glucosa y 15% fructosa sobre el 100% de azúcar) hasta alcanzar niveles de fructosa del 95%.

No obstante, además de sobre los niveles de azúcar, durante el envero la vid experimenta otros cambios sustanciales a nivel de los polifenoles, unas sustancias que -a la postre- serán las responsables de aportar el color, el gusto y la estructura a los vinos de las grandes bodegas de Rioja. Estos polifenoles (o compuestos fenólicos) sustituyen -de manera muy rápida- a la clorofila durante el envero.

Los altos niveles de colorofila de la uva, además de aportar un característico color verde, hacen que la vid se comporte como una planta herbácea y no como una baya, un fruto. En el envero, los compuestos fenólicos (antocianos y taninos) modifican su concentración desde las pepitas -ubicación inicial- hasta la pulpa y la piel (hollejo), inundando, por completo- cada una de las uvas del racimo.

Al final del envero, la uva tinta es completamente morada y espera la vendimia

Lignificación del sarmiento de la vid en el envero

Durante el envero, junto con las modificaciones químicas y de color de la uva, también comienza la lignificación de los sarmientos, un proceso propio del final del periodo de crecimiento celular de las plantas leñosas, como la vid, en el que el agua de la membrana celular del sarmiento es sustituido lignina, una sustancia que produce el endurecimiento y aumento de volumen de la membrana celular.

Vendimia: maduración fisiológica y maduración industrial de la uva

En la viña existen dos tipos de maduración: la fisiológica (etapa en la que las semillas de la vid puede germinar y dar, como resultado, nuevos viñedos) y la industrial, el momento idóneo para la vendimia. Estas dos etapas no tienen por qué coincidir en el tiempo, es más, la maduración fisiológica se produce pocos días después del envero (tras la modificación química que sufre la uva) y no es útil para la elaboración de los vinos característicos de Rioja.

Es por ello que los enólogos determinan el momento de inicio de la vendimia en función de otros factores (como el nivel de azúcar, de maduración…) iniciándose así la maduración industrial, aunque, tradicionalmente, éste proceso suele coincidir con un periodo de entre 45 y 60 días (tiempo desde envero a vendimia) posterior al inicio del envero.

Reloj carrillón de Laguardia (Rioja Alavesa) | Enoturismo, vino y bodegas en Rioja Alavesa

¿Por qué es tan especial el reloj carrillón de Laguardia?

Laguardia es uno de los enclaves más bellos de Rioja y el más importante de Rioja Alavesa. Ubicado sobre un montículo, a medio camino entre Haro y Logroño y a muy pocos kilómetros de Elciego, Laguardia esconde tras sus murallas un curioso reloj en las angostas paredes de su plaza Mayor: el Carrillón de Laguardia.

Inaugurado el 31 de diciembre de 1998, este reloj carillón destaca por la presencia de tres autómatas que representan el inicio de las fiestas más importantes de Laguardia, las de de San Juan. Se encuentra situado en uno de los extremos de la alargada plaza Mayor, sobre la fachada del ayuntamiento nuevo (del siglo XIX). En la misma plaza se ubica -también- la antigua casa consistorial de la villa (del siglo XVI) presidida por el escudo del rey Carlos I de España.

¿En qué horario bailan las figuras del reloj de Laguardia?

No obstante, pese a que el reloj suena en todas y cada una de las horas en punto, los autómatas sólo hacen aparición en cuatro horarios a lo largo del día: al mediodía (12:00); y tres veces por la tarde 14:00, 17:00 y 20:00 horas. Estos autómatas representan las figuras del Cachimorro y dos danzarines ataviados con el traje y vestido típicos de Laguardia.

La dinámica de funcionamiento es la siguiente: a la hora de la función una música típica de la villa -el pasacalles de San Juan– comienza a sonar en la plaza Mayor; a continuación, tras las puertas del carrillón, aparecen dos bailarines (un hombre y una mujer) que, situados a ambos lados del reloj, esperan la aparición del Cachimorro, el auténtico protragonista de la escena.

Juntos, con el Cachimorro en el centro ocupando la posición principal, comienzan el baile en el que se rinde honor a los bailarines del grupo de dantzaris de Laguardia.

Los autómatas del reloj de Laguardia, un baile real el 23 de junio

Los autómatas del carillón de Laguardia ejemplifican el baile típico con el que dan comienzo las fiestas patronales de San Juan el 23 de junio (víspera del santo). Al son de los gaiteros y dulzaineros de Laguardia, que interpretan el Pasacalles de San Juan, los dantzaris recorren las angostas calles medievales de la capital de Rioja Alavesa.

Una curiosa experiencia es realizar turismo en Laguardia coincidiendo con las fiestas de San Juan. El propio 23 de junio los visitantes de la villa pueden presenciar el baile real -ejecutado por personas por la calles de Laguardia- al tiempo que, también, pueden disfrutar de los autómatas en los horarios indicados: 12:00; 14:00, 17:00 y 20:00.

Turismo en Laguardia

Laguardia es uno de los pueblos de Rioja Alavesa con más encanto y uno de los más bonitos de España. Su rica historia, su nacimiento como bastión defensivo del Reino de Navarra, la figura de Félix María Samaniego… así como sus famosas bodegas de Rioja, hacen de Laguardia un destino sin parangón a la hora de vivir una experiencia de enoturismo en Rioja Alavesa.

Cuenta, además, con una amplia oferta de hoteles en Laguardia (entre ellos, destacan la Hospedería de los Parajes; el hotel Villa de Laguardia, el hotel Marixa, la Posada Mayor de Migueloa o el hotel El Collado) y restaurantes donde comer en Laguardia y en los que disfrutar de la gastronomía riojana.

Estación Enológica de Haro

En 1892, como consecuencia del dinamismo económico que Rioja estaba alcanzando tras la llegada de un nutrido grupo de bodegueros franceses a la región, se funda en Haro la Estación Enológica, un centro de investigación para el vino de Rioja que serviría para asentar tanto la experiencia como el liderazgo que Haro y su barrio de la Estación estaban adquiriendo en lo relativo a la elaboración de vinos de estilo bordelés a finales del siglo XIX.

La designación de Haro como sede de la Estación Enológica por parte de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio del Gobierno de España llegó en un momento de esplendor para la ciudad -en 1891, se había convertido en la primera ciudad del país en contar con alumbrado eléctrico en sus calles y que acababa de celebrar la apertura de una sucursal del Banco de España– que terminó de encumbrar a Haro como cabeza de los vinos de Rioja.

En su primer año de funcionamiento, la Estación Enológica de Haro -con Mariano Díaz Alonso como director interino- ya contaba con unas instalaciones equipadas con todos los utensilios necesarios para elaboración de vinos y con un nutrido grupo de alumnos (alrededor de medio centenar) que asistieron al primer curso de conferencias de una institución que destacó por su papel formador de nuevos profesionales ligados al mundo de vino.

Las enseñanzas de capataces bodegueros y de aprendices convivieron con los campos de experiencia donde los se realizaban estudios con vides y uvas autóctonas, se experimentaba con la adaptación de nuevas variedades foráneas y se practicaban ensayos en viticultura, nuevos abonos y pesticidas.

Bodega de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Bodega. Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

La Estación Enológica y la llegada de la filoxera a Rioja

La destrucción de los viñedos de Aquitania (Francia) durante la segunda mitad del siglo XIX -y la necesidad de producir y abastecer al mercado francés- fue la principal razón para que varios bodegueros bordeleses se asentaran en las proximidades de la estación de ferrocarril de Haro.

Los primigenios almacenes fueron transformándose en bodegas orientadas a la producción de vinos de estilo bordelés auspiciadas por las propicias condiciones del suelo y del clima de Rioja Alta, que favorecían la elaboración de vinos a la altura de los caldos de más alta calidad.

No obstante, al tiempo que la Estación Enológica de Haro daba sus primeros pasos, la filoxera alcanzó los viñedos de Rioja. En junio de 1899 se detectaron los primeros síntomas de la enfermedad en los viñedos de Sajazarra; en 1902 la plaga se había extendido por los viñedos de Rioja Alta; y, entre 1904 y 1907, todas las vides de la provincia de Logroño estaban invadidas por la filoxera.

En quince años (1982-1907) el panorama vitivinícola de Rioja cambió por completo para la Estación Enológica de Haro e, incluso, Víctor Manso de Zúñiga (director de la institución) escribió a finales de la primera década del siglo XX que todos los esfuerzos para poner coto a la filoxera habían sido “estériles”.

Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

Durante este periodo, la región de Rioja pasó de hacer frente a la sobreproducción de vinos y a la ausencia de una viticultura moderna, a tener que repoblar de gran parte de las plantaciones de vid entre 1910 y 1920.

En este sentido, la Estación Enológica de Haro contribuyó en la recuperación de los viñedos riojanos que no habían quedado destruidos por la plaga. Sin embargo, aunque la llegada de la filoxera supuso un fuerte revés para los viticultores de la época, contribuyó a la modernización de las bodegas de Rioja.

Importantes firmas del barrio de la Estación de Haro -como la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), Bodegas Bilbaínas o Bodegas R. López de Heredia Viña Tondonia– aprovecharon para modernizar sus instalaciones industriales reinvirtiendo sus capitales en sistemas para la crianza de vinos finos de Rioja.

Variedades de uva para los vinos Rioja

Además de su actuación durante la plaga de filoxera, la Estación Enológica de Haro ha sido -también- fundamental a la hora de estudiar y experimentar con las variedades de uva más propicias para la elaboración de vinos de Rioja. La determinación de las mejores especies y su mezcla, junto con la modernización industrial del sector y la colaboración en la creación del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja), supuso un impulso definitivo para una vinicultura que, en la actualidad, se asienta en las siete variedades de uvas de Rioja (blancas y tintas): tempranillo, garnacha, viura, malvasía, mazuelo, graciano, y garnacha blanca.

Entrada de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Entrada. Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

¿Cuántas estaciones enológicas existen en España?

La de Haro no es la única estación enológica que existe en España, aunque sí es de las primeras. Las estaciones enológicas fueron creadas a finales del siglo XIX para modernizar, con el estudio y la formación de nuevos profesionales, los sistemas de producción y elaboración de vino. El primer proyecto incluía la creación de una estación enológica central en Madrid y cuatro escuelas en las provincias de Alicante, Ciudad Real, Zamora y Logroño, aunque no terminó ejecutándose. Finalmente, las estaciones enológicas quedaron recogidas mediante un Real Decreto en 1892, año fecha fundacional de la Estación Enológica de Haro.

En la actualidad, además de la de Haro, existen estaciones enológicas y de viticultura de Jerez de la Frontera (Cádiz); Alcázar de San Juan (Ciudad Real); Montilla (Córdoba); Rueda (Castilla y León); Requena (Valencia); Jumilla (Murcia); Vilafranca del Penedès (Barcelona); Reus (Tarragona); Felanitx (Baleares); y Almendralejo (Badajoz).

Centro de Interpretación del Vino de Rioja

La Estación Enológica de Haro cuenta con la tecnología más avanzada para el estudio, formación, análisis y asesoramiento sobre el vino y sus características. En ella se estudia y analiza todo el proceso de elaboración del vino, desde la maduración hasta el control en botella, siendo además, el laboratorio de referencia para el Consejo Regulador de Rioja así como para otras denominaciones de origen españolas e internacionales.

Es sede del Centro de Interpretación del Vino de La Rioja y del Museo del Vino de Rioja, un espacio inaugurado en 1991 en el que se pueden conocer las características geológicas y climatológicas que de Rioja, las variedades de uva empleadas en la creación de los vinos de la región y los procesos de elaboración y crianza de los caldos.

Fachada de la Estación Enológica de Haro (Rioja Alta)

Corona mural en el edificio principal de la Estación Enológica | Haro (Rioja Alta)

Turismo del vino en Haro

La Estación Enológica de Haro se encuentra ubicada en pleno casco urbano de Haro y a poco más de un kilómetro del barrio de la Estación, el espacio en el que se concentran las firmas más prestigiosas de Rioja y que cuenta con la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo.

Su situación permite comer y disfrutar de la gastronomía riojana en los restaurantes de Haro, alojarse y dormir en los hoteles y apartamentos de la ciudad, y sumergirse en una embriagadora experiencia de turismo de vino durante el tiempo que pase en la capital del Rioja.

¿Qué son los chozos o guardaviñas?

Los mares de viñas caracterizan el paisaje de Rioja: un paisaje salpicado por viñedos en grandes llanuras, por vides que resisten a la gravedad en colinas en las que jamás se pensaría que pudieran ser labradas y por los chozos (o guardaviñas), una de las estructuras más singulares de Rioja y que más impacta al visitante que llega a la región con el ánimo de conocer la cultura del vino de la tierra con nombre de vino.

Los chozos, o guardaviñas, son construcciones de piedra que cuentan con una sola planta, de forma cónica y que comenzaron a salpicar las lindes de las parcelas riojanas a finales del siglo XIX, aunque -con anterioridad- ya existían las chozas de los custieros o vigilantes de la viña. Los guardaviñas, son -por así decirlo- una especie de iglús de piedra que sirvieron -coincidiendo con la expansión y dinamización de la viticultura en Rioja en las últimas décadas del siglo XIX- como refugio para los agricultores y guardas, que encontraron en éstos sus mejores aliados en los días menos apacibles.

Estas pequeñas construcciones encuentran su máxima expresión en Rioja Alavesa (que concentra más del 90% de estas construcciones) y en la conocida como Sonsierra riojana, un pequeño terreno integrado por San Vicente de la Sonsierra y Ábalos en la margen norte del río Ebro. Esta recogida área de Rioja Alta, flanqueada por Rioja Alavesa, es uno de los mejores puntos desde los que comenzar una ruta enoturística que cuente con la arquitectura del vino de Rioja como eje fundamental. No obstante, la presencia de chozos puede apreciarse -en mayor o menor densidad- en otras zonas de Rioja como el valle del Najerilla, entre Badarán y Cárdenas.

Guardaviñas en Haro (Rioja Alta)

Chozo en el meandro de Tondonia – Haro, Rioja Alta

Guardaviñas en la Sonsierra riojana

San Vicente de la Sonsierra es el municipio más importante de la Sonsierra riojana. En esta importante villa riojalteña se encuentra el chozo más importante de Rioja: el ‘guardaviñas de Las Espinillas‘, una impresionante construcción de dos plantas que, además de servir de refugio, podía hacer las veces de vivienda temporal gracias a la incorporación de una chimenea, una ventana, y un dormitorio en la segunda planta completamente aislado del frío y la humedad del suelo.

En este sentido, San Vicente de la Sonsierra es una de las villas riojanas que más ha apostado por la recuperación del patrimonio arquitectónico del vino de Rioja con la restauración de numerosos chozos que se encontraban en estado de ruina o próximos a derrumbarse. En la actualidad, la villa cuenta con un detallado catálogo de chozos perfectamente documentados y localizados que facilitan la práctica del enoturismo al visitante que llega a Rioja ávido de conocer cómo se ha fraguado la fortaleza de la región y de sus vinos.

Chozos en San Vicente de la Sonsierra

  • Guardaviñas de Hornillo
  • Guardaviñas de la Palomera
  • Guardaviñas de La Rad
  • Guardaviñas de Las Espinillas
  • Guardaviñas de Las Llanas
  • Guardaviñas de Pangua
  • Guardaviñas de Portorrubio
  • Guardaviñas del Bombón
  • Guardaviñas del Bosque
  • Guardaviñas del Manao
  • Guardaviñas del Montecillo
  • Guardaviñas del Muerto
  • Guardaviñas del Sacramento
Su marcado carácter popular hace que no haya dos chozos iguales. Este tipo de construcciones sólo comparten la forma cónica de su silueta, el diseño de una pequeña puerta con grandes bloques de piedra (donde se encuentra un prominente dintel) y el cierre superior con falsa cúpula que da consistencia al resto de la estructura. Por lo demás, cada chozo es un mundo y una obra propia de cada autor.

Chozo de Larrad en San Vicente de la Sonsierra (Rioja Alta)

Chozo de Larrad – San Vicente de la Sonsierra, Rioja Alta

En ocasiones, los dinteles de las puertas presentan inscripciones que facilitan la datación de los chozos. La mayoría están fechadas a finales del siglo XIX, coincidiendo con la llegada de los bodegueros franceses a La Rioja (con especial presencia en el barrio de la Estación de Haro) tras la plaga de filoxera que asoló lo viñedos franceses en 1863.

Así, se han encontrado -talladas en la piedra- las fechas de construcción de varios chozos en San Vicente de la Sonsierra (1868), Briones (1873) y Ábalos (1881); municipios de Rioja Alta que hoy forman la Mancomunidad de Desarrollo Turístico de los Municipios de Abalos, Briones y San Vicente de la Sonsierra y conocidos por las celebración de las Noches de San Lorenzo en agosto.

Los guardaviñas están fabricadas con los materiales próximos al viñedo que se quería resguardar (por lo general, piedra caliza asentada con piedrillas para tapar las juntas) y erigidos en los lugares en los que los viticultores entendían que la viña era más vulnerable a cualquier ataque. Hoy en día, la mayoría se encuentran situados junto a los caminos agrícolas y carreteras secundarias, siendo muy complicado hallar alguno -que lo hay- elevado en mitad de cualquier finca.

Chozo de Larrad en San Vicente de la Sonsierra (Rioja Alta)

Interior del guardaviñas / chozo de Larrad – San Vicente de la Sonsierra, Rioja Alta

Chozos en Rioja Alavesa

Nueve de cada diez chozos de Rioja se encuentran en Rioja Alavesa, siendo Laguardia, Lanciego y Elvillar los municipios con un mayor número de guardaviñas registrados, según el propio blog de Rioja Alavesa. La proliferación de estas singulares estructuras en la margen norte del Ebro está relacionada con el alza de los precios que sufrió la uva durante el siglo XVI y la proliferación de las cabañas de ovejas y cabras en la región. En este sentido, el alto número de los rebaños y la lejanía de las plantaciones de viñedo respecto a los pueblos, hizo necesaria la construcción de unas primigenias chozas que servían para guarecer al ‘custiero‘ o guarda encargado de proteger la viña de los rebaños y de cualquier persona que pretendiera apropiarse de los racimos y uvas ajenas.

Las antiguas ordenanzas que reglaban la labor de los custiero fijaban, de hecho, las multas para los pastores y ladrones que asaltaran los viñedos sin autorización. Para los primeros, la sanción era de ‘carneramiento‘ (dándose muerte a una oveja si el rebaño entraba en invierno y dos si lo hacía entre marzo y el periodo de vendimia) mientras que para los que ‘entre Santiago y vendimia entrare en una viña viciosamente, aunque solo la atraviese‘ se imponía el pago de un real.

El carneramiento era una práctica de castigo habitual en la zona, pues, este tipo de pena para ganaderos y rebaños, está -también- documentada en un pleito entre Carcastillo (Navarra) y el Monasterio de La Oliva.

¿En qué pueblos están los guardaviñas en Rioja Alavesa?

  • Laguardia, 397
  • Lanciego, 346
  • Elvillar, 279
  • Oyón, 139
  • Labastida, 140
  • Baños de río Ebro, 73
  • Samaniego, 72
  • Lapuebla de Labarca, 54
  • Leza, 51
  • Moreda de Álava, 45
  • Elciego, 41
  • Yécora, 36
  • Navaridas, 34
  • Villabuena de Álava 31
  • Kripán, 22
La elevada presencia de chozos o guardaviñas en Rioja Alavesa pone de relieve el carácter minifundista que siempre han tenido las tierras alavesas de Rioja. Actualmente, Elvillar, Lanciego, Moreda de Álava y Laguardia son los pueblos de Rioja Alavesa con mayor densidad de chozos por kilómetro cuadrado, con nueve (Elvillar), siete (Lanciego), cinco (Moreda de Álava) y tres (Laguardia), respectivamente.

Tiene especial consideración la elevada concentración de guardaviñas en Lanciego y Elvillar, municipios notablemente inferiores -en cuanto a extensión territorial se refiere- a Laguardia, capital de la Cuadrilla de Laguardia – Rioja Alavesa.

Guardaviñas en Laguardia (Rioja Alavesa)

Guardaviñas – Laguardia, Rioja Alavesa

Los chozos son, en definitiva, un rasgo distintivo de la importancia que los viñedos y su desarrollo tienen para los viticultores de Rioja, y de Rioja Alavesa en especial. Las reducidas distancias entre los pueblos de esta zona de Rioja -y entre los de la Sonsierra riojana, que divide en dos el área vasca- permite realizar una rica ruta turística por los pueblos con más encanto, disfrutando de sus mejores vinos, sus bodegas, sus gentes y su historia.

Una historia que se ve reflejada en los guardaviñas que antaño sirvieron para proteger las viñas y que hoy aportan esplendor y tradición al mejor tesoro de Rioja: su cultura en torno al viñedo.

Puente de Briñas

Rioja son viñas, Rioja son las nieblas bajas que se disipan con los primeros rayos del sol en invierno y Rioja son los caprichosos dibujos que el río Ebro dibuja por la orografía riojana en su caminar hacia el Mediterráneo. El Ebro siempre ha sido un reto que solventar para los pobladores de La Rioja, una fértil vega inclinada hacia el este, enclavada como frontera de varios reinos y del eje que une los mares Cantábrico y el citado Mediterráneo. En esta encrucijada de caminos, los puentes jugaron un papel fundamental en el desarrollo urbano y económico de la región; y ya desde los romanos, los habitantes del valle construyeron robustos puentes con los que poder salvar el cauce del río más caudaloso de España.

En este contexto el conocido como puente de Briñas -que, pese a su denominación, pertenece a Haro y no a Briñas– supuso un impulso para el próspero devenir de la parte más occidental de Rioja, la comarca de Haro, que vio cómo en el siglo XIII un imponente puente de piedra de 150 metros unía el meandro de Tondonia con la orilla norte del río Ebro, facilitando el tránsito de mercancías entre el reino de Navarra (del que formaban parte la Sonsierra riojana y Rioja Alavesa) y las tierras de Castilla, a las que pertenecían Haro y el resto de la hoy Comunidad de La Rioja.

El puente de Briñas es un puente medieval de estilo gótico -aunque ha sufrido numerosas restauraciones- de siete arcos, más de 150 metros de largo, casi 5 metros de ancho y más de 14 metros de alto, situado en un paraje vitivinícola único. Rodeado por un mar de viñas y junto al barrio de la Estación de Haro, el puente de Briñas -además de servir de aduana en sus inicios- forma parte del trazado del camino de Santiago vasco del interior, una ruta que conecta Irún y Vitoria-Gasteiz con Santo Domingo de la Calzada.

La construcción del puente de Briñas se produce tras la desaparición de otros importantes puentes sobre el río Ebro, como eran el de Mantible, Mendavia y Varea -junto a Logroño- lo que había dejado incomunicadas las dos orillas del río Ebro a lo largo de un tramo de más de sesenta kilómetros.

En esta época, tras la reconquista y la repoblación de la zona es cuando se decide construir este puente (por iniciativa del concejo de Haro, que era propietario de tierras en la orilla norte del río) y otros dos relevantes puentes de La Rioja: el de San Vicente de la Sonsierra, que -hoy en día- está suspendido para el tráfico rodado, y el antiguo puente de Piedra de Logroño, una construcción anterior -derribado en el siglo XIX- al actual puente de Piedra de la capital riojana. Se cree que, originariamente, fueron los romanos los primeros en edificar un puente en esta zona, que conectaba las aldeas de Briñas y Tondón (Dondón, hoy desaparecida).

Camino de Santiago en el puente de Briñas de Haro (Rioja Alta)

Camino de Santiago de interior. Puente de Briñas | Haro (Rioja Alta)

Reconstrucciones del puente de Briñas

El impetuoso caudal del río Ebro, que suele sufrir grandes crecidas durante el invierno y los meses de primavera, suponen un reto para el mantenimiento del puente de Briñas. Los destrozos causados por el agua y las posteriores reconstrucciones, han formado parte del día a día del puente de Briñas.

El puente cuenta con dos inscripciones en los tajamares, de 1574 y 1643, que indican las fechas de reconstrucción del puente. Posteriormente, están documentadas otras tantas reparaciones a lo largo de los siglos XVIII, XIX hasta su definitiva restauración en 2008.

  • 1712: reparación.
  • 1741: reparación con zampiados (recubrimiento de las superficies mediante mampostería de piedra para afirmar terrenos falsos y protegerlos contra la erosión).
  • 1810: guarnición y construcción de los antepechos del puente durante la Guerra de Independencia.
  • 1823: fortificación de la cabecera.
  • 1839: rotura de los puentes levadizos que conectaban el puente con las orillas.
  • 1841: terraplenación del fo­so.
  • 1852: demolición de la fortificación tras la primera y segunda Guerra Carlista.
  • 1871: reparación del puente tras una riada que había dejado intransitable el puente.
  • 1950: construcción de un nuevo puente para el tráfico rodado, quedando el puente de Briñas para labores agrícolas.
Tajamares del puente de Briñas de Haro (Rioja Alta)

Tajamares de piedra en el río Ebro. Puente de Briñas | Haro (Rioja Alta)

Durante el convulso siglo XIX el puente pasa a jugar un papel estratégico en las comunicaciones con el norte de la península. En un periodo marcado por la Guerra de Independencia frente a Francia y el conflicto civil de las Guerras Carlistas, el puente de Briñas queda fortificado con un pequeño castillo en lo alto de la ladera que vigila el paso hacia Haro.

El conjunto defensivo del puente de Briñas estaba integrado, en noviembre de 1834, por: unas oficinas, una casa aspillerada, un torreón en lo alto de la ladera este, un camino que cubierto que conectaba las oficinas del puente con la torre, además del propio puente. Con anterioridad, el lugar ocupado por la caseta de vigilancia del puente de Briñas fue una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora del Puente del Ebro.

Mirador sobre el Ebro en el puente de Briñas de Haro (Rioja Alta)

Río Ebro a su entrada en La Rioja. Puente de Briñas | Haro (Rioja Alta)

En la actualidad sólo la estructura del puente se encuentra el pie y habilitada para el tráfico de vehículos y personas, habiendo desaparecido -por completo- el complejo de las oficinas y quedando, únicamente, restos del torreón defensivo en lo alto de la colina anexa. En 2015, el puente de Briñas fue incluido como uno de los bienes individuales (n.º ref. 669bis-019) de la ruta interior del «Caminos de Santiago de Compostela: Camino francés y Caminos del Norte de España» por la UNESCO.

Enoturismo en Haro

Su ubicación y su uso -eminentemente agrícola, lo que limita el tráfico- hacen del puente de Briñas un tesoro para aquellos que llegan a Haro y Rioja Alta en busca de una experiencia de enoturismo que les conecte con la esencia de la vitivinicultura y la tradición de un tierra volcada con el viñedo y la producción de grandes vinos.

El puente de Briñas se encuentra a menos de un kilómetro de bodegas centenarias como Bodegas La Rioja Alta S.A, Bodegas R. López de Heredia Viña Tondonia y Bodegas Gómez Cruzado; además de ubicarse en medio de un mar de viñas que permiten al viajero pasear entre viñedos, conocer -de cerca- la viticultura de Rioja y el desarrollo de la uva, y disfrutar de un paisaje del vino único